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Lunes, 01 de mayo de 2006

ENSAYOS

Dentro de muy poco, llevaremos al escenario la obra que hemos trabajado tanto. Cuántas dudas, cuántas ilusiones, cuántos descubrimientos pequeños. Los ensayos que hacemos se comportan como la vida. Parece que no se avanza y, sin saber cómo, hay un pequeño cambio que lo transforma todo.

Se puede aprender mucho en una escuela de teatro, pero estoy seguro que montar una obra con tus propios recursos es lo más completo que puede haber. Hacemos de todo: actuar, poner luces, sonido, cosemos, buscamos salas, diseñamos. Y todo esto con recursos mínimos. Creo que merece la pena hacerlo, porque lo que cuesta conseguir se valora más.
Entre esta maraña de ocupaciones, me hago preguntas que intentan iluminar lo que estoy ( estamos ) haciendo. ¿ Por qué hacemos teatro? ¿Por qué tanta ocupación para llevar una historia y unos personajes al público? ¿ Qué nos aporta el teatro en nuestras vidas?

En mi caso, busco varios momentos de magia. Para que haya magia debe haber público, personas que viven, que sienten, que quieren ver personas ante situaciones límite, que quieren sorprenderse, emocionarse.
Justo antes de salir al escenario, dentrás de la tela negra, tengo miedo. ¿ Qué sucederá? ¿Lo haré bien? ¿ Se me entenderá? ¿ Me aceptarán?. Cuando salgo por fin, noto que hay gente enfrente mía. Que yo estoy ahí con mi compañero o compañera de escena, para mostrar un personaje, a través de mi cuerpo, de mi voz, de mi cara, de mis gestos. El personaje comienza a vivir en ese momento, no antes, cuando doy el primer paso a las tablas.
En este montaje, me doy cuenta de un hecho importante. Soy responsable de la veracidad de mi personaje. Quizá esté equivocado, pero es lo que pienso ahora, puede que con el tiempo me dé cuenta que no es del todo cierto. He descubierto, que buscar la emoción para mostrar un personaje triste, alegre, es lo más falso que puede haber. Me he dado cuenta, que el texto y entender qué es lo que quiere el personaje en esa escena son suficientes para que viva el personaje en escena con una verdad mínima. Demasiadas mentiras hay en el teatro como para mentir con la emociones.

Por otra parte, el teatro me aporta amor, cariño, aceptación de los demás. Primero con mis compañeros de grupo y después con el público. Necesitamos ser amados, eso es una verdad como un piano. Nos aman porque amamos. Al dar todo lo que tenemos, recibimos también. Por eso, siento que traiciono cuando me guardo para mí aspectos de mi personalidad que no quiero que salgan. Eso se nota, lo noto y lo perciben los demás. Quizá lo más feo de mí, lo que yo considero que no es bello de mí, sea lo más verdadero, lo más claro dentro del escenario, y en definitiva, en la vida.

Escribiendo estas palabras, me doy cuenta que el teatro me enseña, aprendo con él.





Por: José Manuel Padilla Rodríguez | Los días que han pasado | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

Me alegra el regreso,esto estaba un poco silencioso.Hace unos días Emilio dijo que amas el teatro, al leerte me doy cuenta de que tiene razón.He tenido el privilegio de ver la función,un ensayo anterior e imagino que ha ido evolucionando y creciendo.Me asombra vuestra energía,las ganas, la dedicación y esa magia que comunicais.Mi ovación aunque simbólica... para devolver el cariño con el que os entregais.
Un abrazo

Marian | 04-05-2006 19:14:16

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