bitácora descriptiva y modificadora de una vida aburrida y alegre
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Sábado, 28 de enero de 2006
Cuando estoy cansado, desanimado y con ganas de descansar pienso en lugares que me tranquilizan y me traen paz interior. Esos lugares no son remotos, están muy cerca,tan cerca que pasan desapercibidos durante algún tiempo. Paso por ellos, ciego o deliberadamente distante, sin darme cuenta lo importante que son para mí.
Un lugar que me fascina es un pequeño monte que está al lado izquierdo de la carretera que me lleva al trabajo. Alrededor de él hay cultivos de secano y en lo alto, y es lo que más me atrae ,hay un almendro. No es muy grande, su tronco se ramifica en ramas donde algún pájaro se posa para ver a su izquierda la torre del pueblo que vive ajeno a este almendro solitario.
Me pregunto por qué no hay más árboles alrededor, cómo ha podido crecer y sobrevivir en lo más alto de este monte pelado a vientos fuertes y soles abrasadores. Admiro su capacidad de ser y estar en el sitio que le corresponde. No necesita la protección de otros árboles de su especie, pienso que es un árbol único, un simbolo de la persistencia de la individualidad sobre la colectividad.
Y lo que más me fascina es su respeto a sí mismo; "de ser lo que se es"
Nunca he subido arriba a tocarlo, a sentarme al lado suyo, me basta con verlo desde la carretera, de verlo en mi mente, aunque esté lejos. Porque sé que está, y que siempre estará. Al igual que las personas que más quiero en este mundo. Me basta con saber que existen en este mundo, que existen en el mismo tiempo que yo, que no hay extrañamiento en los escasos encuentros,que compartimos ilusiones similares y vínculos que el tiempo no puede romper.
No creo, o mejor dicho, aún no necesito creer, en la vida después de la muerte o en la reencarnación en otra persona después del fallecimiento. Si existiera la posibilidad de la reencarnación entendería muy bien que hay cosas, personas, elementos naturales que tienden a encontrarse porque una fuerza vinculadora los atrae.
Esto me pasa con mis amigos, con Anna, con mi familia, con mis lugares personales ,como el almendro que está aquí debajo fotografiado con mi cámara de atisbador.
Por: José Manuel Padilla Rodríguez | Los días que han pasado | Comentarios (1) | Referencias (0)
Me fascinan los árboles. Leer tu reflexión, me ha "disparado" las sinergias. He repasado mentalmente todas las asociaciones sensitivas,anímicas,sociales, temporales...incluso;la estructura cognitiva y,para no irme por las ramas,creo que todos tenemos una conciencia arbórea.
El almendro se adivina hermoso en su atalaya. Por cierto ¿lo encontraste o te encontró?
Un abrazo
Marian | 30-01-2006 19:23:49